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martes, 3 de noviembre de 2015

El cansancio: enemigo No.1 de las mamás

Yo me acuerdo que cuando estaba recién casada, a mi esposo y a mí nos encantaba destinar uno que otro domingo para despertarnos muy tarde, y ver películas todo el día arrunchados en el calor de nuestra camita, hasta que teníamos los ojos cuadrados. Nos encantaba ese plan, porque, por simple que fuera, era nuestro momento para conectarnos más, para estar juntos sin hablar de trabajo.
 
Después de que nacieron nuestros hijos, por obvias razones, ya no podíamos levantarnos tarde, al contrario, nuestros días empezaron a las 6 de la mañana, fuera entre semana o no, y en esta rutina todos los días uno se va acostumbrando, pero también el cansancio empieza a hacer estragos en la vida diaria.
 
Confieso que desde que soy mamá, vivo cansada las 24 horas del día. Mi sueño se volvió liviano y cada vez que mis hijos hacen un ruido por la noche, yo abro los ojos, esperando que alguno de los dos me llame por alguna razón. Creo que vivo con ese temor todas las noches, pero eso es parte de ser mamá.
 
Lo malo es que, en mi caso, siendo mamá que se queda en casa, el cansancio que acumulo durante la noche, y luego durante el día, al estar todo el día con mi bebé jugando en el piso y luego con mi hija mayor, empieza a cobrarme, pues por la noche yo soy la que quiere acostar a los niños temprano y mi esposo, que apenas llegó hace unas horas del trabajo, quiere jugar con ellos.
 
También confieso que a las 8 de la noche, lo único que quiero es descansar de los gritos, la recocha, y los juegos con mis hijos, y a veces el cansancio me juega malas pasadas, pues del afán de que se acuesten, puedo llegar a gritarles para que se queden quietos mientras que les pongo la piyama y les lavo los dientes.
 
También me he dado cuenta de que el cansancio afecta mi relación con mi esposo, pues cuando tenemos el tiempo para hablar, después de acostar a nuestros hijos, los dos nos quedamos dormidos.
 
En fin, definitivamente el cansancio es el peor enemigo de una mamá, y debemos aprender a lidiar con él y a enfrentarlo todos los días sin afectar la relación con nuestros hijos y con nuestro esposo. Yo todavía estoy luchando contra eso y lastimosamente no he encontrado la fórmula para vencerlo. Si alguna mamá, la tiene que me la cuente para ponerla en práctica ;).
 
 

martes, 25 de agosto de 2015

No hay mamá perfecta

Desde que soy mamá, siempre me he esmerado por ser la mejor para mis hijos. Intento seguir los consejos de los libros, Internet, abuelos, etc.; trato de tener la casa organizada (¡eso nunca sucede!), me propongo ser la mejor esposa para mi esposo, en fin,  pero a veces, por querer hacer más, hago menos y llega el momento del colapso.
 
Hay días en los que me despierto y desearía apagar a mis hijos por un rato muy largo y salir de la casa con o sin mi esposo, sólo para respirar. Hay momentos en los que me siento la peor mamá del mundo porque en lugar de querer jugar con ellos, quiero encerrarme en mi cuarto y dormir todo el día sin que nadie me moleste.
 
Pero luego despierto y me doy cuenta de que ser mamá también es eso: sentirse exhausta, molida, confundida y por qué no decirlo, triste. No quiero que me malinterpreten, amo ser mamá, amo a mis hijos y a mi esposo, no podría concebir mi vida sin ellos, pero a veces el cuerpo y la mente fallan, y uno no puede evitar pensar o sentirse frustrada.
 
Llevo cuatro años siendo mamá, y soy de las que piensa que un cumpleaños más de mis hijos es un año más que me gradúo como mamá. Y en estos cuatro años he cometido muchos errores (sobretodo con mi hija mayor), pero creo que cada equivocación me da la experiencia para no repetir las cosas que he hecho mal con mis hijos.
 
Ninguna mamá puede decir que es perfecta, si lo dice, está diciendo la mentira más grande del mundo. Así que mamás, cuando alguien las critique porque han hecho esto y aquello con sus hijos, háganse las de oídos sordos. Todo el mundo puede opinar, pero nadie se imagina que es lo que hay dentro de la cabeza de una mamá.
 
Ser mamá es el mejor trabajo del mundo, pero como todo trabajo, tiene sus altos y sus bajos. Debemos aprender a disfrutar tanto los altos como los bajos (a mi me cuesta muchísimo), y ser siempre la mejor mamá que nuestros hijos puedan tener. No hay que superar las expectativas de nadie, sólo las nuestras. cada día superémonos más y amemos más a nuestros hijos, no importa que sean los "jefes" más exigentes del mundo!
 
 
 
 

miércoles, 22 de julio de 2015

Damos gracias por los papás de hoy en día!

 
Cuando veo a mis papas o a las parejas de tercera edad, no puedo imaginarme como era que el hombre asumía la paternidad en ese entonces. Mi mamá me cuenta, que mi papá no era de los que cambiaba un pañal o nos daba de comer, sin embargo, nos amaba mucho y trabajó e hizo todo lo posible por darnos siempre lo mejor: un buen colegio, una buena universidad, ropa, juguetes, etc. y sobre todo, nos impuso la disciplina y la motivación necesaria para que fuéramos hombres y mujeres de bien.
 
Ahora bien, en aquel entonces, aunque mi papá no ayudaba mucho con la crianza, mi mamá tuvo la fortuna de contar con personas a su alrededor que la ayudaron muchísimo: mi abuela y una empleada a la que tuvimos por más de 20 años y que nos quería mucho a mis hermanos y a mí.
 
Hoy en día, los hombres modernos nacen con el chip de la paternidad (algunos, al menos), y ayudan no sólo con la crianza de sus hijos, sino con las tareas de la casa. Ahora los padres, cambian pañales, le dan de comer a sus hijos, juegan con ellos; además, barren, lavan la loza, arreglan las camas, en fin, se han convertido en una ayuda ejemplar y necesaria para nosotras las mamás, y por eso damos gracias!!!
 
Mi esposo por ejemplo, sabía cocinar antes que yo, de hecho el me he enseñado muchas recetas, que he mejorado, por supuesto. Es excelente con nuestros hijos, los baña, les da de comer, le cambia los pañales al bebé, y nunca se ha quejado. A pesar de que llega cansado del trabajo, me ayuda con los niños mientras que yo me "libero" un poco y hago otras actividades, me atiende cuando me ve muy cansada y está pendiente de mí y de mis hijos. Por él doy gracias a Dios que lo puso en mi camino.
 
Sobre todo, ahora que vivimos lejos de los abuelos y de toda la familia, nos ayudamos mutuamente, y somos nosotros y nuestro hijos para todos lados. Creo que esto nos ha unido más como familia y la verdad es que no podría pedirle más.
 
Gracias a todos los hombres que se han sacrificado por sus hijos. Los que se quedan en casa cuidándolos para que mamá trabaje; los que llegan cansados del trabajo para seguir con la rutina de sus hijos; los que se ocupan de ellos para que la mamá se vaya un día de spa o simplemente está enferma. Los amamos y les aseguramos que todo lo que hacen por sus hijos y por nosotras, rendirá fruto en un futuro cercano!!!
 
 

domingo, 21 de junio de 2015

El amor entre hermanos es único e incomparable!

Cuando mi esposo y yo decidimos tener nuestro segundo hijo, hubo muchas dudas de parte mia, pues estando sola aquí en Medellín, no sabía si podría criar a dos niños sin la ayuda de los abuelitos. Finalmente la decisión se tomó mas que todo por Sofía, ya que nos parecía importante que ella tuviera con quien compartir sus juegos y sus travesuras, que aprendiera a que ella no era el centro de la casa.
 
Nueve meses después, nació Alejandro. Como Alejo llegó al rededor de las dos de la mañana, sofi se tuvo que quedar en la casa al cuidado de unos amigos y yo estaba muy nerviosa de la reacción que tendría al ver esa pequeña personita que iba a invadirle SU espacio, pero todo transcurrió bien.
 
Al principio (y bueno, creo que lo sigue siendo), Alejo era el juguete de Sofía. Lo acariciaba, le cantaba, me ayudaba a cambiarlo y hasta a darle de comer, pero nunca habían interactuado más de ahí...hasta ahora. Ayer mi hijo cumplió un año y está más entendido, interactúa más con su hermana mayor y a mi me encanta verlos jugar.
 
Hoy, por ejemplo, Sofía lo perseguía y el gateaba para que no la alcanzara, y al contrario, Sofi lo llamaba y el la perseguía hasta que los dos terminaban escondidos en la carpita del cuarto de Sofi,  todos muertos de la risa y eso me iluminó el rostro y reafirmé el hecho de que habíamos hecho lo correcto.
 
El amor de hermanos, al igual que el de los padres, es incondicional. Quiero creer que cuando crezcan, los dos se cuidarán entre sí, irán a fiestas juntos (!por qué no!), se taparán sus travesuras y serán consejeros el uno del otro, por que para eso son los hermanos, para apoyarse en las buenas y en las malas. Tener un hermano es el mejor regalo que los padres le pueden dar a uno, y por esto, hay que atesorarlos, cuidarlos y amarlos siempre!!!

lunes, 25 de mayo de 2015

Las ventajas de ser mamá 24/7

Cuando llegamos a Medellín, hace ya cuatro años, decidimos que yo dejaría de trabajar para dedicarme a mi bebé. Al principio, fue una decisión difícil, pues yo estaba acostumbrada a trabajar desde que me gradué de la universidad, y ahora estaría en un rol completamente diferente: el de ser mamá.
 
Al llegar mi hija mayor, el primer mes fue relativamente fácil  pues tenia la ayuda de mi mamá y de mi esposo, pero cuando mi esposo volvió al trabajo y mi mamá de regreso a Bogotá, la cosa cambió del cielo a la tierra. Sergio se iba todas las mañanas para el trabajo y yo me quedaba jugando, cambiando pañales, y dando de comer a una criatura indefensa y para el final del día, yo anhelaba cama y una conversación de adulto.
 
Pero fue pasando el tiempo y cada día mi hija iba interactuando más y yo me divertía cada vez más. Me hacía reír con sus monerías, la observaba mientras que descubría su mundo, la amaba cada día más, y nunca me arrepentí de haberme quedado en casa.
 
Después de que nació mi segundo hijo, seguimos con la idea de quedarme en casa. Mi hija mayor ya estaba en guardería, así que al principio era lo mismo: yo me quedaba sola con este pedacito de cielo para darle de comer, cambiarlo, y jugar. Esa era (y sigue siendo) mi rutina, pero cada día la disfruto más, porque ese es mi trabajo.
 
Hoy en día, cuando llevo mi hija al parque, me sorprendo de que la mayoría de los amiguitos bajan con la empleada o niñera. No juzgo a las mamás que trabajan, antes las admiro porque no es fácil dejar su chiquito al cuidado de otra persona y solo verlo unas horas en la mañana y otras horas en la noche; sin embargo, las niñeras no le dan toda la atención y el amor que el niño o niña necesitan, sólo se limitan a sentarse con las demás empleadas a "chismear" y de vez en cuando miran a ver si el niño esta bien, y eso es lo que me da lástima.
 
Por otro lado (y no lo digo para echarme flores), mi caso es diferente. Cuando bajo con mis hijos al parque, trato de involucrarme en sus juegos. Alejo todavía esta muy chiquito y sólo gatea y explora por ahí, pero Sofía quiere que yo este con ella, que la escuche, que juguemos a las princesas, y eso me encanta. Mientras que las niñeras están conversando entre ellas, yo juego con mi hija a que éramos unas princesas saltando en el trampolín o que yo soy Sofía y ella es mi profesora.
 
Esa sensación de involucrarse con los hijos en los juegos, verlos crecer todos los días, reconfortarlos cuando se caen y simplemente estar ahí para darles un abrazo, no la cambiaría por nada. Mucha gente me pregunta si algún día voy a volver a trabajar, pero para mí este es mi trabajo, una actividad que amo a pesar de terminar cansada en las noches; algún día cambiaré de trabajo, por uno que tenga un salario, pero por ahora, la remuneración mas grande es ver a mis hijos felices.








martes, 12 de mayo de 2015

Cuando la familia se vuelve virtual...

Toda mi vida viví en la ciudad de Bogotá, allí me gradué de la universidad, conocí a mi esposo, me casé y pasamos los primeros 3 años de matrimonio. Me encanta Bogotá y nunca pensé que la vida podía cambiar de un momento a otro, pero cuando Dios dice algo, hay que hacer su voluntad, así que gracias a que a mi esposo le ofrecieron trabajo en Medellín, nos vinimos sin pensarlos dos veces.
 
Al principio la decisión me dio un poco duro, ya que acabábamos de descubrir que yo estaba embarazada, así que mi mayor temor era que mi bebé creciera lejos de su familia, especialmente de sus abuelos; pero las cosas se fueron dando y nos vinimos en abril del 2011. Yo tenía 12 semanas (3 meses de embarazo), no conocía a casi nadie y me sentía sola, ya que mi esposo se iba a trabajar y yo me quedaba todo el día en la casa, esperando a que él llegara para poder salir a conocer los alrededores.
 
Cuando nació mi hija, mi mamá vino a cuidarme y ayudarme por un mes y medio. Para mí, fue lo máximo, porque tenía a mi mamá cerca, me podía ayudar con mi hija, podíamos conversar, nos aconsejaba a mi esposo y a mí, en fin, fue una bendición para los dos.
 
al cabo del tiempo, cuando se fue mi mamá, decidimos que debíamos comprarnos una tablet para comunicarnos constantemente con los abuelitos, y sí que le dimos uso, hasta Sofía aprendió a jugar con ella desde temprana edad (definitivamente, los niños de hoy vienen con el chip tecnológico). Pero mi hija empezó a ver a los abuelitos como "abuelitos virtuales". Un día le preguntamos que dónde vivían los abuelitos y ella contestó: "en el ipad".
 
Definitivamente, criar a mis hijos lejos de la familia ha sido bastante retador. El no tener a mi mamá o a mi suegra cerca para que nos aconsejen, nos ayude con los niños cuando hay que hacer una diligencia o simplemente cuando queremos tener un momento para los dos, ha sido muy difícil, pero lo importante es que lo hemos aprendido a asumir, hemos salido adelante y bueno...los abuelitos vienen de vez en cuando a visitarnos o nosotros vamos a llevarles a los nietos y cuando estamos juntos, son unas vacaciones estupendas...en todo el sentido!!!
 
La familia hace mucha falta cuando uno está lejos, pero también esta situación nos ha enseñado a contar el uno con el otro, a amarnos y unirnos como pareja y como familia, y el amor crece todos los días. Somos cada día más fuertes!
 
 
 
 
 

viernes, 1 de mayo de 2015

Estilo de crianza...con el segundo es como comenzar de nuevo

Con mis dos chiquitos aprendí que criar a una niña y a un niño es completamente diferente. Todo lo que había leído cuando mi hija era un bebé, lo apliqué con ella, a veces con éxito y otras veces no, pero siempre me regía por lo que decían los libros o Internet.

Con mi hija mayor, Sofía,  debo decir que las cosas fueron un poco mas tranquilas; siempre fue una niña muy calmada, se quedaba quieta donde yo la colocara, no lloraba mucho (ni siquiera por hambre), y nunca tuvimos que preocuparnos por asegurar la casa, pues a ella nunca se le ocurrió abrir cajones, jugar con las puertas o inspeccionar el inodoro. El único problema (y lo sigue siendo), era la comida; siempre ha tenido poco apetito, y por más que nos esforcemos por que coma sus vegetales, ha sido imposible, pero tratamos de no rendirnos.

Desde que empezó a comer sólidos, siempre había sido una rogadera en la mesa: "si comes te doy un dulce", "si no comes no ves televisión"; o simplemente duraba horas en la mesa hasta que mi esposo o yo, le metíamos las cucharadas casi a la fuerza. Después leímos por internet (por supuesto!!), que no hay que pelear con ellos, simplemente, dejar que coman lo que quieran (o necesiten) y lo que no se coman o si no comen nada, hasta la siguiente comida, y así sucesivamente...las primeras veces funcionó, después de un tiempo, nos decía: "no importa, me lo como al desayuno!".

Con mi hijo Alejandro, sucede toooodo lo contrario. Es un niño muy activo, desde que empezó a gatear no para de explorar los cajones, las puertas, el inodoro...hasta los juguetes de su hermanita le gustan más que los propios. Esta vez si tuvimos que asegurar algunas cosas, que no es que sirva de mucho, pues se come las esquineras de las mesas y utiliza todas sus fuerzas para abrir los cajones....!y lo logra!

Con la comida...ja!, es una máquina. Desde que empezó a comer sólidos, ha probado de todo y TODO le gusta, hasta aceitunas le dimos una vez, y se las comió sin reparo. Para nosotros ha sido una nueva experiencia, pues, mientras que con Sofi a veces hay que presionarla un poco para que coma, Alejo llora porque no le do la siguiente cucharada.

En fin, definitivamente los dos son seres humanos totalmente diferentes y me he gozado la crianza de cada uno, he aprendido cosas nuevas, he utilizado viejas técnicas que todavía funcionan y he creído más en mi instinto. Obviamente, todo lo hago con la ayuda de un esposo que vela por nosotros y me ayuda en la casa, pero sobre todo con la ayuda de Dios, quien es que me da las fuerzas todos los días para seguir trabajando para dos chiquitos que no saben que la mamá necesita un descansito de vez en cuando y aún así, creo que no podría vivir sin ellos!

lunes, 27 de abril de 2015

Vamos a ser cuatro...entrando en pánico en 3,2,1...

Cuando tuvimos a nuestra primera hija, Sofía, que hoy en día tiene tres años y medio, supimos que más adelante podríamos tener otro bebé, pero eso siempre se vio muy lejano. Y como yo siempre he dicho que el embarazo parece una enfermedad contagiosa, al ver a amigas y conocidas en ese estado, pues me empecé a antojar del hermanito o hermanita para mi chiquita (en ese momento a uno se le olvida las experiencias del primer parto y los primeros meses).

Así que con mi esposo decidimos que ya era el momento ( mi hija en ese entonces acababa de cumplir dos años), y nos pusimos a la tarea! En mi interior, yo pensaba: "Eso nos demoramos entre seis meses y un año"..."no hay afán"..."si quedamos embarazados bien y si no, pues no"; pero creo que mis cálculos estuvieron un poco desviados, pues al mes empecé a sospechar. Esta vez era más fácil, pues sentía lo mismo que sentí con mi primer embarazo, así que entre confundida y algo asustada, compré una prueba de embarazo casera.

Llegué a mi casa con la intención de darle la sorpresa a mi esposo cuando llegara a la casa, así que tomé la prueba y...la segunda rayita, salía un poco más tenue de lo normal (para los que no saben, es positivo cuando aparecen dos rayitas en la prueba), así que decidí hacérmela de nuevo. En la segunda prueba, no hubo cambios, la bendita raya seguía saliendo tenue, y yo pensaba: "Estaré embarazada o no!!!", "¿y ahora que?"

Cuando mi esposo llegó a la casa, yo era un manojo de nervios: "...le digo...no le digo...le digo...no le digo", y decidí decirle. Así que compramos otra prueba de embarazo (la tercera) y me la volvía a hacer. Esta vez, la rayita salió más clara (o eso me decía a mi misma), y estaba claro: íbamos a tener otro bebé.

Nuestras reacciones, como eran de esperarse fueron de felicidad (al principio) y después fuimos decayendo en un estado de pánico: "¿Y ahora qué?...¿Cómo vamos a hacer con  los gastos?...¿y si Sofi no quiere un hermanito?...¿lo vamos a querer igual que a Sofía?, en fin, el caso es que gracias a Dios, durante los siguientes días organizamos nuestros pensamientos, le contamos a Sofía, y nos dimos cuenta que eso fue lo mejor que nos pudo haber pasado, lo demás???, ya veremos como hacemos, lo importante es que seremos una feliz familia de cuatro!!!.