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martes, 25 de agosto de 2015

No hay mamá perfecta

Desde que soy mamá, siempre me he esmerado por ser la mejor para mis hijos. Intento seguir los consejos de los libros, Internet, abuelos, etc.; trato de tener la casa organizada (¡eso nunca sucede!), me propongo ser la mejor esposa para mi esposo, en fin,  pero a veces, por querer hacer más, hago menos y llega el momento del colapso.
 
Hay días en los que me despierto y desearía apagar a mis hijos por un rato muy largo y salir de la casa con o sin mi esposo, sólo para respirar. Hay momentos en los que me siento la peor mamá del mundo porque en lugar de querer jugar con ellos, quiero encerrarme en mi cuarto y dormir todo el día sin que nadie me moleste.
 
Pero luego despierto y me doy cuenta de que ser mamá también es eso: sentirse exhausta, molida, confundida y por qué no decirlo, triste. No quiero que me malinterpreten, amo ser mamá, amo a mis hijos y a mi esposo, no podría concebir mi vida sin ellos, pero a veces el cuerpo y la mente fallan, y uno no puede evitar pensar o sentirse frustrada.
 
Llevo cuatro años siendo mamá, y soy de las que piensa que un cumpleaños más de mis hijos es un año más que me gradúo como mamá. Y en estos cuatro años he cometido muchos errores (sobretodo con mi hija mayor), pero creo que cada equivocación me da la experiencia para no repetir las cosas que he hecho mal con mis hijos.
 
Ninguna mamá puede decir que es perfecta, si lo dice, está diciendo la mentira más grande del mundo. Así que mamás, cuando alguien las critique porque han hecho esto y aquello con sus hijos, háganse las de oídos sordos. Todo el mundo puede opinar, pero nadie se imagina que es lo que hay dentro de la cabeza de una mamá.
 
Ser mamá es el mejor trabajo del mundo, pero como todo trabajo, tiene sus altos y sus bajos. Debemos aprender a disfrutar tanto los altos como los bajos (a mi me cuesta muchísimo), y ser siempre la mejor mamá que nuestros hijos puedan tener. No hay que superar las expectativas de nadie, sólo las nuestras. cada día superémonos más y amemos más a nuestros hijos, no importa que sean los "jefes" más exigentes del mundo!
 
 
 
 

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