Toda mi vida viví en la ciudad de Bogotá, allí me gradué de la universidad, conocí a mi esposo, me casé y pasamos los primeros 3 años de matrimonio. Me encanta Bogotá y nunca pensé que la vida podía cambiar de un momento a otro, pero cuando Dios dice algo, hay que hacer su voluntad, así que gracias a que a mi esposo le ofrecieron trabajo en Medellín, nos vinimos sin pensarlos dos veces.
Al principio la decisión me dio un poco duro, ya que acabábamos de descubrir que yo estaba embarazada, así que mi mayor temor era que mi bebé creciera lejos de su familia, especialmente de sus abuelos; pero las cosas se fueron dando y nos vinimos en abril del 2011. Yo tenía 12 semanas (3 meses de embarazo), no conocía a casi nadie y me sentía sola, ya que mi esposo se iba a trabajar y yo me quedaba todo el día en la casa, esperando a que él llegara para poder salir a conocer los alrededores.
Cuando nació mi hija, mi mamá vino a cuidarme y ayudarme por un mes y medio. Para mí, fue lo máximo, porque tenía a mi mamá cerca, me podía ayudar con mi hija, podíamos conversar, nos aconsejaba a mi esposo y a mí, en fin, fue una bendición para los dos.
al cabo del tiempo, cuando se fue mi mamá, decidimos que debíamos comprarnos una tablet para comunicarnos constantemente con los abuelitos, y sí que le dimos uso, hasta Sofía aprendió a jugar con ella desde temprana edad (definitivamente, los niños de hoy vienen con el chip tecnológico). Pero mi hija empezó a ver a los abuelitos como "abuelitos virtuales". Un día le preguntamos que dónde vivían los abuelitos y ella contestó: "en el ipad".
Definitivamente, criar a mis hijos lejos de la familia ha sido bastante retador. El no tener a mi mamá o a mi suegra cerca para que nos aconsejen, nos ayude con los niños cuando hay que hacer una diligencia o simplemente cuando queremos tener un momento para los dos, ha sido muy difícil, pero lo importante es que lo hemos aprendido a asumir, hemos salido adelante y bueno...los abuelitos vienen de vez en cuando a visitarnos o nosotros vamos a llevarles a los nietos y cuando estamos juntos, son unas vacaciones estupendas...en todo el sentido!!!
La familia hace mucha falta cuando uno está lejos, pero también esta situación nos ha enseñado a contar el uno con el otro, a amarnos y unirnos como pareja y como familia, y el amor crece todos los días. Somos cada día más fuertes!
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