Me encanta viajar en vacaciones, y de hecho, desde que tenemos hijos hemos intentado viajar lo más seguido posible para que los niños se entretengan y conozcan nuevos lugares. En estas vacaciones, no fue diferente, quisimos visitar un sitio de playa, agradable y que los niños pudieran disfrutar, así que elegimos Santa Marta.
Yo ya tenia planeado buscar los respectivos tiquetes para nuestro viaje en diciembre, pero a mi esposo se le ocurrió una idea que al principio me pareció descabellada (no solo a mi, sino a nuestros familiares y amigos): viajar a la costa en carro!!
Empezamos a planear ese viaje seis meses antes, y desde ese momento me empecé a poner muy nerviosa, pues los niños para mi, eran muy pequeños para semejante viaje tan largo, pero a pesar de eso, seguimos adelante. Me preparé psicológicamente y desde dos semanas antes del viaje, empecé a investigar la distancia de Medellín a Santa Marta (14 horas, para los que quieren saber), juegos para mi hija mayor mientras que estábamos en carretera, consejos para viajar con niños, en fin, todo para tener un viaje placentero.
Llego el día del viaje y la ansiedad me estaba matando. Decidimos hacer el viaje en dos días y nos quedaríamos en un pueblo casi "perdido de la mano de Dios", Aguachica, que no es precisamente una ciudad turística, pero era perfecta para quedarnos una noche y seguir nuestro camino.
Salimos esa mañana como a las 9 de la mañana para llegar de noche a Aguachica y solo tener que dormir allá, y mientras que transcurría el viaje, me relajaba cada vez más y empecé a disfrutarlo. Me di cuenta que había subestimado a mis hijos, pues a pesar del típico "ya llegamos?" cada cinco minutos, pudieron dormir, jugar, escuchar música y disfrutar del paisaje. Y es así, como hicimos un recorrido de 1900 kilómetros entre Medellín - Santa Marta - Barranquilla - Santa Marta - Medellín - Cali - Medellín.
Me di cuenta de que, aunque viajar en avión es mucho más cómodo, la carretera se presta para conocer pueblos nuevos, conversar, jugar, parar a descansar, y en general disfrutar de ese tiempo en familia que es diferente. Me parece que esta experiencia los hace crecer y desarrollarse aún más, que los invita a disfrutar de las maravillas de Dios, y eso no tiene precio.
En fín, creo que, aunque es una experiencia maravillosa, yo sigo diciendo que en el avión llegamos más rápido (jejeje), y que gracias a Dios fue un desafío superado!.
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