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viernes, 8 de julio de 2016

¡Se me crecieron los chiquitos!

Creo que una de las ventajas que he tenido como mamá que se queda en casa, es que he podido ver a mis hijos crecer y desarrollarse en todo su esplendor. Verlos gatear, caminar o decir sus primeras palabras, ha sido lo más maravillosos que me ha pasado en la vida, y creo que, como todas las mamás que me leen, me encantaría que se quedaran bebés para siempre. Pero eso nunca sucede, obviamente.

Cuando mi hija mayor, Sofía, entro a la guardería por primera vez, yo estaba muy nerviosa y a la expectativa de su proceso de adaptación, pues había leído que a muchos niños se les dificulta más que a otros, y mi hija, siendo tan sensible como es, hubiera podido llorar cada vez que la dejaba en las puertas del jardín...afortunadamente, y para mi grata sorpresa, sólo lloró un día y al día siguiente ya estaba ansiosa por ir a su "guarde" y jugar con sus amiguitos.

En ese momento supe que mi hija ya era una personita independiente que no necesitaba de su mamá las 24 horas del día; esto para una mamá, es un sentimiento encontrado de alivio y tristeza, de ver que ya no lo necesitan, pero uno termina entendiendo que la vida es así y que los niños deben crecer y ser felices en diferentes ambientes, conociendo y haciendo nuevos amigos. Hoy en día, a mi hija no le gusta que nosotros la llevemos al colegio, porque dice que ella se divierte con sus amigos de la ruta.

Ahora le tocó el turno a mi chiquito, Alejandro. Yo pensaba que al ser el segundo hijo, todo iba a ser un poco más fácil, y aunque si lo fue, uno no deja de tener ese huequito en el corazón, cuando lo ve partir en la ruta solito. Sin embargo, y de nuevo para mi grata sorpresa, el se fue feliz de montar en un "bus gaaaande", y ver a los otros amigos en la misma situación.

En fin, ahí es que uno se da cuenta que ya no son bebés, que ya son pesonitas que toman sus propias decisiones, en cuanto a la comida, a donde quieren ir, o hasta qué quieren vestir. Me encanta que mis hijos ya sean independientes (en cierta medida), pero no dejo de añorar ese tiempo en el que sólo dormían, comían y trataban de hablar con sus balbuceos. Ese tiempo en el que eran sólo unos bebés indefensos. 

Ahora les toca a ellos salir al mundo, conocerlo y disfrutarlo tal como es, sabiendo que nosotros como papás, estaremos ahí para defenderlos, guiarlos, amarlos y protegerlos cuando sientan miedo. Ese, para mi, es el rol principal de los padres de hoy en día.


viernes, 29 de abril de 2016

¡Papá, que falta nos hiciste!

Finalmente llegó el día en el que papá llegó a casa después de un mes de estar fuera del país por trabajo. No les voy a mentir, fue un mes duro, ya que no tengo a nadie aquí en Medellín que me ayude con los niños. Sin embargo, hubo personas que estuvieron muy pendientes de mí, y a quienes les agradezco en el alma toda su ayuda.

En este mes, pasaron algunas cosas, entre ellas que los niños se enfermaron (eso siempre pasa cuando Sergio se va de viaje), y tuve que lidiar con ese virus que desde hace cuatro años no deja la casa, y que eventualmente, también me atraparía a mi. Pero bueno, son gajes del oficio, como dicen las abuelas.

También aprendí muchas cosas. Aprendí que puedo ser independiente, puedo encargarme de la casa y de los niños yo sola, que soy más fuerte de lo que yo pensaba, aunque también tuve muchos momentos de debilidad, instantes en los que quería tirar la toalla, e irme un fin de semana para estar sola sin los niños, pero ellos me necesitaban en todo momento.

Otra cosa que me di cuenta es que mi admiración por las madres solteras, creció de aquí al cielo. Cada vez que me sentía sola y triste, pensaba en ellas, que son unas duras, que tienen que ser mamá y papá para sus hijos toda la vida y que salen adelante a pesar de las circunstancias, conozco algunas y les digo que son unas super mamás!!!

Pero también me di cuenta que la pareja es muy importante en la dinámica familiar. Esa persona con la que puedes contar en todo momento, esa persona que llega por las noches, cansado después de trabajar, y aún así se encarga de los niños porque la esposa ha estado con ellos todo el día y necesita un descanso, esa persona a la que amas y que te ama sin condiciones, en fin, el esposo que Dios te dio y que das gracias por él todos los días. 

Así que definitivamente, los niños y yo te extrañamos inmensamente, esposito, y le damos gracias a Dios de que estés de nuevo con nosotros!!





lunes, 4 de enero de 2016

Vacaciones con niños, desafío superado!

Me encanta viajar en vacaciones, y de hecho, desde que tenemos hijos hemos intentado viajar lo más seguido posible para que los niños se entretengan y conozcan nuevos lugares. En estas vacaciones, no fue diferente, quisimos visitar un sitio de playa, agradable y que los niños pudieran disfrutar, así que elegimos Santa Marta.

Yo ya tenia planeado buscar los respectivos tiquetes para nuestro viaje en diciembre, pero a mi esposo se le ocurrió una idea que al principio me pareció descabellada (no solo a mi, sino a nuestros familiares y amigos): viajar a la costa en carro!!

Empezamos a planear ese viaje seis meses antes, y desde ese momento me empecé a poner muy nerviosa, pues los niños para mi, eran muy pequeños para semejante viaje tan largo, pero a pesar de eso, seguimos adelante. Me preparé psicológicamente y desde dos semanas antes del viaje, empecé a investigar la distancia de Medellín a Santa Marta (14 horas, para los que quieren saber), juegos para mi hija mayor mientras que estábamos en carretera, consejos para viajar con niños, en fin, todo para tener un viaje placentero.

Llego el día del viaje y la ansiedad me estaba matando. Decidimos hacer el viaje en dos días y nos quedaríamos en un pueblo casi "perdido de la mano de Dios", Aguachica, que no es precisamente una ciudad turística, pero era perfecta para quedarnos una noche y seguir nuestro camino.

Salimos esa mañana como a las 9 de la mañana para llegar de noche a Aguachica y solo tener que dormir allá, y mientras que transcurría el viaje, me relajaba cada vez más y empecé a disfrutarlo. Me di cuenta que había subestimado a mis hijos, pues a pesar del típico "ya llegamos?" cada cinco minutos, pudieron dormir, jugar, escuchar música y disfrutar del paisaje. Y es así, como hicimos un recorrido de 1900 kilómetros entre Medellín - Santa Marta - Barranquilla - Santa Marta - Medellín - Cali - Medellín.

Me di cuenta de que, aunque viajar en avión es mucho más cómodo, la carretera se presta para conocer pueblos nuevos, conversar, jugar, parar a descansar, y en general disfrutar de ese tiempo en familia que es diferente. Me parece que esta experiencia los hace crecer y desarrollarse aún más, que los invita a disfrutar de las maravillas de Dios, y eso no tiene precio.

En fín, creo que, aunque es una experiencia maravillosa, yo sigo diciendo que en el avión llegamos más rápido (jejeje), y que gracias a Dios fue un desafío superado!.