Con mis dos chiquitos aprendí que criar a una niña y a un niño es completamente diferente. Todo lo que había leído cuando mi hija era un bebé, lo apliqué con ella, a veces con éxito y otras veces no, pero siempre me regía por lo que decían los libros o Internet.
Con mi hija mayor, Sofía, debo decir que las cosas fueron un poco mas tranquilas; siempre fue una niña muy calmada, se quedaba quieta donde yo la colocara, no lloraba mucho (ni siquiera por hambre), y nunca tuvimos que preocuparnos por asegurar la casa, pues a ella nunca se le ocurrió abrir cajones, jugar con las puertas o inspeccionar el inodoro. El único problema (y lo sigue siendo), era la comida; siempre ha tenido poco apetito, y por más que nos esforcemos por que coma sus vegetales, ha sido imposible, pero tratamos de no rendirnos.
Desde que empezó a comer sólidos, siempre había sido una rogadera en la mesa: "si comes te doy un dulce", "si no comes no ves televisión"; o simplemente duraba horas en la mesa hasta que mi esposo o yo, le metíamos las cucharadas casi a la fuerza. Después leímos por internet (por supuesto!!), que no hay que pelear con ellos, simplemente, dejar que coman lo que quieran (o necesiten) y lo que no se coman o si no comen nada, hasta la siguiente comida, y así sucesivamente...las primeras veces funcionó, después de un tiempo, nos decía: "no importa, me lo como al desayuno!".
Con mi hijo Alejandro, sucede toooodo lo contrario. Es un niño muy activo, desde que empezó a gatear no para de explorar los cajones, las puertas, el inodoro...hasta los juguetes de su hermanita le gustan más que los propios. Esta vez si tuvimos que asegurar algunas cosas, que no es que sirva de mucho, pues se come las esquineras de las mesas y utiliza todas sus fuerzas para abrir los cajones....!y lo logra!
Con la comida...ja!, es una máquina. Desde que empezó a comer sólidos, ha probado de todo y TODO le gusta, hasta aceitunas le dimos una vez, y se las comió sin reparo. Para nosotros ha sido una nueva experiencia, pues, mientras que con Sofi a veces hay que presionarla un poco para que coma, Alejo llora porque no le do la siguiente cucharada.
En fin, definitivamente los dos son seres humanos totalmente diferentes y me he gozado la crianza de cada uno, he aprendido cosas nuevas, he utilizado viejas técnicas que todavía funcionan y he creído más en mi instinto. Obviamente, todo lo hago con la ayuda de un esposo que vela por nosotros y me ayuda en la casa, pero sobre todo con la ayuda de Dios, quien es que me da las fuerzas todos los días para seguir trabajando para dos chiquitos que no saben que la mamá necesita un descansito de vez en cuando y aún así, creo que no podría vivir sin ellos!
Escribes muy rico mi amor!!!
ResponderEliminar