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lunes, 25 de mayo de 2015

Las ventajas de ser mamá 24/7

Cuando llegamos a Medellín, hace ya cuatro años, decidimos que yo dejaría de trabajar para dedicarme a mi bebé. Al principio, fue una decisión difícil, pues yo estaba acostumbrada a trabajar desde que me gradué de la universidad, y ahora estaría en un rol completamente diferente: el de ser mamá.
 
Al llegar mi hija mayor, el primer mes fue relativamente fácil  pues tenia la ayuda de mi mamá y de mi esposo, pero cuando mi esposo volvió al trabajo y mi mamá de regreso a Bogotá, la cosa cambió del cielo a la tierra. Sergio se iba todas las mañanas para el trabajo y yo me quedaba jugando, cambiando pañales, y dando de comer a una criatura indefensa y para el final del día, yo anhelaba cama y una conversación de adulto.
 
Pero fue pasando el tiempo y cada día mi hija iba interactuando más y yo me divertía cada vez más. Me hacía reír con sus monerías, la observaba mientras que descubría su mundo, la amaba cada día más, y nunca me arrepentí de haberme quedado en casa.
 
Después de que nació mi segundo hijo, seguimos con la idea de quedarme en casa. Mi hija mayor ya estaba en guardería, así que al principio era lo mismo: yo me quedaba sola con este pedacito de cielo para darle de comer, cambiarlo, y jugar. Esa era (y sigue siendo) mi rutina, pero cada día la disfruto más, porque ese es mi trabajo.
 
Hoy en día, cuando llevo mi hija al parque, me sorprendo de que la mayoría de los amiguitos bajan con la empleada o niñera. No juzgo a las mamás que trabajan, antes las admiro porque no es fácil dejar su chiquito al cuidado de otra persona y solo verlo unas horas en la mañana y otras horas en la noche; sin embargo, las niñeras no le dan toda la atención y el amor que el niño o niña necesitan, sólo se limitan a sentarse con las demás empleadas a "chismear" y de vez en cuando miran a ver si el niño esta bien, y eso es lo que me da lástima.
 
Por otro lado (y no lo digo para echarme flores), mi caso es diferente. Cuando bajo con mis hijos al parque, trato de involucrarme en sus juegos. Alejo todavía esta muy chiquito y sólo gatea y explora por ahí, pero Sofía quiere que yo este con ella, que la escuche, que juguemos a las princesas, y eso me encanta. Mientras que las niñeras están conversando entre ellas, yo juego con mi hija a que éramos unas princesas saltando en el trampolín o que yo soy Sofía y ella es mi profesora.
 
Esa sensación de involucrarse con los hijos en los juegos, verlos crecer todos los días, reconfortarlos cuando se caen y simplemente estar ahí para darles un abrazo, no la cambiaría por nada. Mucha gente me pregunta si algún día voy a volver a trabajar, pero para mí este es mi trabajo, una actividad que amo a pesar de terminar cansada en las noches; algún día cambiaré de trabajo, por uno que tenga un salario, pero por ahora, la remuneración mas grande es ver a mis hijos felices.








martes, 12 de mayo de 2015

Cuando la familia se vuelve virtual...

Toda mi vida viví en la ciudad de Bogotá, allí me gradué de la universidad, conocí a mi esposo, me casé y pasamos los primeros 3 años de matrimonio. Me encanta Bogotá y nunca pensé que la vida podía cambiar de un momento a otro, pero cuando Dios dice algo, hay que hacer su voluntad, así que gracias a que a mi esposo le ofrecieron trabajo en Medellín, nos vinimos sin pensarlos dos veces.
 
Al principio la decisión me dio un poco duro, ya que acabábamos de descubrir que yo estaba embarazada, así que mi mayor temor era que mi bebé creciera lejos de su familia, especialmente de sus abuelos; pero las cosas se fueron dando y nos vinimos en abril del 2011. Yo tenía 12 semanas (3 meses de embarazo), no conocía a casi nadie y me sentía sola, ya que mi esposo se iba a trabajar y yo me quedaba todo el día en la casa, esperando a que él llegara para poder salir a conocer los alrededores.
 
Cuando nació mi hija, mi mamá vino a cuidarme y ayudarme por un mes y medio. Para mí, fue lo máximo, porque tenía a mi mamá cerca, me podía ayudar con mi hija, podíamos conversar, nos aconsejaba a mi esposo y a mí, en fin, fue una bendición para los dos.
 
al cabo del tiempo, cuando se fue mi mamá, decidimos que debíamos comprarnos una tablet para comunicarnos constantemente con los abuelitos, y sí que le dimos uso, hasta Sofía aprendió a jugar con ella desde temprana edad (definitivamente, los niños de hoy vienen con el chip tecnológico). Pero mi hija empezó a ver a los abuelitos como "abuelitos virtuales". Un día le preguntamos que dónde vivían los abuelitos y ella contestó: "en el ipad".
 
Definitivamente, criar a mis hijos lejos de la familia ha sido bastante retador. El no tener a mi mamá o a mi suegra cerca para que nos aconsejen, nos ayude con los niños cuando hay que hacer una diligencia o simplemente cuando queremos tener un momento para los dos, ha sido muy difícil, pero lo importante es que lo hemos aprendido a asumir, hemos salido adelante y bueno...los abuelitos vienen de vez en cuando a visitarnos o nosotros vamos a llevarles a los nietos y cuando estamos juntos, son unas vacaciones estupendas...en todo el sentido!!!
 
La familia hace mucha falta cuando uno está lejos, pero también esta situación nos ha enseñado a contar el uno con el otro, a amarnos y unirnos como pareja y como familia, y el amor crece todos los días. Somos cada día más fuertes!
 
 
 
 
 

viernes, 1 de mayo de 2015

Estilo de crianza...con el segundo es como comenzar de nuevo

Con mis dos chiquitos aprendí que criar a una niña y a un niño es completamente diferente. Todo lo que había leído cuando mi hija era un bebé, lo apliqué con ella, a veces con éxito y otras veces no, pero siempre me regía por lo que decían los libros o Internet.

Con mi hija mayor, Sofía,  debo decir que las cosas fueron un poco mas tranquilas; siempre fue una niña muy calmada, se quedaba quieta donde yo la colocara, no lloraba mucho (ni siquiera por hambre), y nunca tuvimos que preocuparnos por asegurar la casa, pues a ella nunca se le ocurrió abrir cajones, jugar con las puertas o inspeccionar el inodoro. El único problema (y lo sigue siendo), era la comida; siempre ha tenido poco apetito, y por más que nos esforcemos por que coma sus vegetales, ha sido imposible, pero tratamos de no rendirnos.

Desde que empezó a comer sólidos, siempre había sido una rogadera en la mesa: "si comes te doy un dulce", "si no comes no ves televisión"; o simplemente duraba horas en la mesa hasta que mi esposo o yo, le metíamos las cucharadas casi a la fuerza. Después leímos por internet (por supuesto!!), que no hay que pelear con ellos, simplemente, dejar que coman lo que quieran (o necesiten) y lo que no se coman o si no comen nada, hasta la siguiente comida, y así sucesivamente...las primeras veces funcionó, después de un tiempo, nos decía: "no importa, me lo como al desayuno!".

Con mi hijo Alejandro, sucede toooodo lo contrario. Es un niño muy activo, desde que empezó a gatear no para de explorar los cajones, las puertas, el inodoro...hasta los juguetes de su hermanita le gustan más que los propios. Esta vez si tuvimos que asegurar algunas cosas, que no es que sirva de mucho, pues se come las esquineras de las mesas y utiliza todas sus fuerzas para abrir los cajones....!y lo logra!

Con la comida...ja!, es una máquina. Desde que empezó a comer sólidos, ha probado de todo y TODO le gusta, hasta aceitunas le dimos una vez, y se las comió sin reparo. Para nosotros ha sido una nueva experiencia, pues, mientras que con Sofi a veces hay que presionarla un poco para que coma, Alejo llora porque no le do la siguiente cucharada.

En fin, definitivamente los dos son seres humanos totalmente diferentes y me he gozado la crianza de cada uno, he aprendido cosas nuevas, he utilizado viejas técnicas que todavía funcionan y he creído más en mi instinto. Obviamente, todo lo hago con la ayuda de un esposo que vela por nosotros y me ayuda en la casa, pero sobre todo con la ayuda de Dios, quien es que me da las fuerzas todos los días para seguir trabajando para dos chiquitos que no saben que la mamá necesita un descansito de vez en cuando y aún así, creo que no podría vivir sin ellos!